La cultura de la violación.

cultura

  1. f. Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos.
  2. Conjunto de modos de vida y costumbres de una época o grupo social.

En las últimas semanas es frecuente encontrar artículos o discusiones en medios de comunicación y redes sociales sobre “la cultura de la violación”. El debate suele ser intenso, la gente se altera, unos acusan y otros se sienten atacados, las generalizaciones ofenden, y al final se saca poco en claro. No hay entendimiento. No hay manera.

Mi opinión al respecto suele ser tachada de radical, pero yo no lo veo así. Me gusta que la gente me explique sus puntos de vista, sus motivos, sus vivencias, todo eso que les hace posicionarse de una manera u otra, y esto es así indiferentemente de lo afines que puedan ser a mi forma de pensar, lo que no quiere decir que vaya a tolerar cualquier barbaridad.

Ayer por la tarde me entretuve un buen rato leyendo un hilo en Twitter que lanzó Caballo swaffelen (@PotiPotiInLove) y que os invito a leer de principio a fin, incluidas las respuestas y discusiones que se han generado como consecuencia. Dejo aquí enlazado el hilo en cuestión.
Y las capturas para los perezosos:
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El caso es que tengo la sensación de la eterna negación. Quiero decir, que parece que hablar de que existe una cultura de la violación como tal ofende tanto a sectores machistas como a parte del sector feminista. Tal vez decir que ofende no es lo más cierto, pero vamos, que genera discusión, que no gusta, que enfada.
Muchas personas no están de acuerdo con el término en sí, otras con el contenido, otras con las generalizaciones, pero, ¿no es cierto que la mayoría somos capaces de reconocer como inadecuados muchos comportamientos que vemos o vivimos en nuestra vida cotidiana? Con esto no digo que lo vivamos estando en el meollo, no es necesario ser parte de una situación violenta, peligrosa, o dañina a diario, basta con saber que esas situaciones se dan, que todas las experimentamos alguna vez en la vida y que por lo tanto forman parte de la estructura social patriarcal en la que vivimos. ¿No es eso suficiente como para considerar que existen comportamientos susceptibles de ser identificados como agresiones a la intimidad sexual, en el grado que sea, y a la propia persona que cumplen unos patrones y que son consecuencia directa de la educación y el entorno?

Entonces, ¿por qué no debe denominarse cultura de la violación?, ¿por qué se considera perjudicial generalizar?

Bien, yo escribo esto para dar mi opinión personal. Opinión que voy a tratar de razonar de tal modo que, sea cual sea vuestro punto de vista, os permita entender el mío, que al final, es un poco el propósito de este blog, reunir mis reflexiones e invitaros a compartir las vuestras, porque si algo tengo claro es que los puntos de vista evolucionan y se enriquecen a base de exponerlos, compartirlos y no cerrarse a las opiniones ajenas.

Cuando un hombre se enfada porque alguien dice que todos los hombres son violadores en potencia, se ofende por distintos motivos: bien porque se siente atacado por reconocerse en aquello de lo que se trata,  porque en algún momento se ha sentido cómplice (por acción u omisión) de aquello por lo que se acusa, o quizás porque no ha entendido nada.

Generalizar algo así es sintetizar un comportamiento extendido en un grupo de tal manera que se pueda extraer del mismo y, así, desgranarlo, estudiarlo, visibilizarlo y combatirlo.
No me vale lo de “si digo que los musulmanes son todos unos terroristas, está mal, pero vosotras sí podéis decir que los hombres son todos unos violadores, ¡menuda incoherencia!” porque no, no es lo mismo. No es lo mismo generalizar basándose en prejuicios con un fin meramente discriminatorio, que generalizar sobre comportamientos que se dan frecuentemente dentro de nuestra sociedad con el fin de visibilizarlo y acabar con ello. Cuando un extranjero me dice que los españoles hablamos muy poco inglés está generalizando, ¿cierto? Pues a pesar de que yo sí tengo un buen nivel de inglés, no voy a ofenderme y decirle que no puede generalizar porque no es verdad que todos los españoles hablemos muy poco inglés, simplemente no voy a sentirme ofendida porque soy consciente de que aunque es cierto que hay españoles con un inglés excelente, la mayoría no acertarían ni a dar bien la hora, eso contando con que entiendan la pregunta. Vale, no es lo mismo que te acusen de violar que de no tener ni pajolera idea de inglés, acusadme de haberme sacado una justificación de andar por casa, pero como ejemplo creo que es bastante ilustrativo.

Cierto es que no a todo el mundo le parece mal la generalización por los mismos motivos, hay personas que consideran que generalizar hace que los casos más extremos se pierdan entre la maraña de comportamientos que se quiere denunciar. No puedo estar de acuerdo, señalar con el dedo todas esas pequeñas cosas que difieren de ser violada en un callejón oscuro por un desconocido es necesario, porque todas esas pequeñas cosas, si no se muestran, generan una tolerancia en el entorno, suman y dan como resultado los actos más extremos. El primer acto peligroso del violador que asalta a una desconocida por la calle y la fuerza, probablemente, no sea ese, seguramente antes ha cometido muchos otros actos menores que pasaron “desapercibidos” o que no generaron tanto revuelo, ¿o de verdad alguien cree que los de “la manada” empezaron directamente con la burundanga?

No se trata de equiparar que te toquen el culo en un bar con que te droguen, te violen entre cinco y encima te graben y lo pasen a los colegas. Porque no, no es lo mismo, no puede ser lo mismo. Se trata de hacer más visible lo primero y que la sociedad al unísono lo condene para que cada vez menos suceda lo segundo.

Puede que a muchos simplemente les chirríe usar el término violación para incluir actos que no llegan a considerarse como tal. Bien. Podemos decir cultura del sometimiento, cultura de la cosificación, machismo, pero, al final, todo viene a hablar de algo común y cotidiano que es INTOLERABLE:

el derecho que los hombres se toman, en algún momento de sus vidas, a violarnos como personas, acosándonos, piropeándonos, tocándonos, rozándonos, persiguiéndonos, intimidándonos, presionándonos, con el fin de poseernos de algún modo, provocando que nos comportemos de maneras concretas, que tengamos miedo, que nos sintamos vulnerables, condicionando así nuestro día a día.

Se trata de sensibilizar a la sociedad hasta el punto de que nadie se atreva a culpabilizar a las víctimas. Se trata de poner el foco en los agresores y sólo en los agresores. No es tolerable, bajo ninguna circunstancia, que se pregunte dónde iba esa chica sola, qué ropa llevaba, qué actitud mostraba previamente, cuánto había bebido, o cualquier otra memez. Porque no, no es ser realista, ni es usar la lógica. Preguntar eso, o pensarlo, coarta la libertad de las mujeres. La libertad de ser, de hacer, de sentir. Eso no podemos permitirlo, porque eso es precisamente lo que nos mata: el derecho que muchos hombres se toman de coartar nuestra libertad.

Y, ahora sí, querida Amarna, voy a mencionar el porno como parte de esa cultura de la violación, como herramienta clave en el proceso de cosificación de la mujer, y como lacra para la educación sexual de niños, adolescentes y jóvenes. El sexo es maravilloso, sí, pero no siempre, no con cualquiera, y no de cualquier manera. La libertad sexual del individuo acaba en los límites de la persona con quien se comparte la cama. La liberación sexual de la mujer empieza en una misma, y no es para todas igual. Igual que existe la prostitución de alto standing, existe la trata de blancas. Y no todo en el porno son caricias y sexo consentido. Es más, en el bruto de las escenas porno a las que el común de los mortales tiene acceso de forma gratuita, voluntaria o, lo que es gravísimo, involuntaria a través de los anuncios, muestra a la mujer como OBJETO de placer, como esclava de los deseos del hombre, y su actitud y sus actos van enfocados a DAR placer. Esto es así hasta tal punto que el porno lésbico también está dirigido en su mayoría a un público masculino y heterosexual, por lo tanto, contribuye al sometimiento sistemático de la mujer por parte del hombre. Y no, no es realista decir que en el mundo del porno todas son tan felices con lo que hacen como las pornostars, porque, me atrevo a decir que, tristemente, ese mundo porno chachi piruli lo vive una minoría.

Podría seguir aquí divagando. Sobre el porno hablaré en otra entrada, porque, de verdad, da para un rato largo.

Hablar de la cultura de la violación es necesario para combatirlo y para que las mujeres que se ven envueltas en esas tragedias sientan que no están solas, que no todo el mundo las va a juzgar, que muchas estamos aquí para apoyarlas.
Da igual que se hagan los ofendidos con sus #NotAllMen, esto es necesario, y es necesario que ellos sean los primeros en señalar ciertas conductas y rechazarlas en sus círculos más cercanos. Si les pica el patriarcado, que se rasquen.

 

 

 

 

 

 

 

 

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