Señorita no, gracias.

La necesidad de utilizar lenguaje inclusivo es algo muy discutido no sólo en general si no también dentro del colectivo feminista. Para algunos es algo totalmente necesario, para otros algo que roza el ridículo. Muchos simplemente no ven en qué puede ayudar a nuestra lucha por la igualdad.

A decir verdad, yo tampoco tengo claro hasta qué punto ese lenguaje inclusivo es útil, aunque sí lo veo muy necesario en ciertos ámbitos en los que hace tiempo que es necesario destacar el lugar que la mujer debe ocupar.

Pero si hay algo que tengo claro es que lo que no se dice no existe.

Más allá de usar fórmulas como todos y todas, niñas y niños, miembros y miembras, debemos tener presente que no es sólo el lenguaje sexista si no el uso sexista del lenguaje contra lo que tenemos que luchar. Y es que ese espacio que es tan nuestro como suyo nos ha sido arrebatado a golpe de someternos durante siglos tanto con actos como con palabras. Porque no es sólo la existencia de vocablos con connotaciones negativas sólo en la versión femenina -pájara, zorra, fresca- si no todas aquellas expresiones y formas de comunicación usadas de forma cotidiana que hacen claras diferencias si el trato es hacia una mujer o hacia un hombre.

¿No se os ocurre ninguna situación tal? Veamos si estas os son familiares:

– El cliente al otro lado de la barra que llama la atención de la camarera con un “¡Pss!¡Niña!”
– El hombre que para dirigirse a ti te llama señorita.
– Ese superior que te dice “Mira, cielo” para reprenderte a la vez que te humilla.
– El mecánico que ignora tu presencia y se dirige directamente a tu pareja/amigo/hermano/padre dando por hecho que será él quien sepa del tema.
– El grupito de hombres que te excluye de una conversación porque “a las chicas no les interesan estas cosas”.
– El comercial del concesionario que te habla como si fueras tonta del culo.
– Ese familiar que continuamente te interrumpe cuando hablas.
– Esos hombres que se dirigen a ti en lugares públicos para hacerte la gracia, o incluso acosarte.

Os invito a reflexionar sobre ello. Si sois mujeres, como receptoras, si sois hombres, como emisores ¿habéis vivido situaciones de este tipo?

 

ilustración de P*nitas http://www.penitas.es
 

Cuando a la mayor parte de la población femenina se le educa “para complacer” es muy complicado promover acciones que corten tajantemente estos usos sexistas del lenguaje, pero que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Desde este humilde rinconcito en la red yo os animo a hacerlo. Cuando os llamen señorita decid firmemente “señorita no, señora”. Cuando os interrumpan cortadlos con un “por favor, estoy hablando yo, no me interrumpas”. Cuando os chisten por la calle, os hablen, os piropeen, (siempre que la situación no sea peligrosa) un serio “nadie te ha preguntado nada” puede callar muchas bocas. Siempre que sintáis miedo cuando alguien se os acerque por la calle, llamad a la policía, que para eso están.

Eso sí, todo lo que decidáis hacer hacedlo para sentiros más seguras, para tomar las riendas de vuestras decisiones y de vuestros actos, no porque os lo pida yo ni nadie. En cada ámbito de vuestra vida, sed siempre vosotras quienes decidáis qué hacer y qué no.

Que nadie hable por ti.

Que nadie decida por ti.

Mujer, quiérete libre.

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