A las mujeres de mi vida.

Este espacio nació para sumarse a la lucha feminista cotidiana del día a día, para hacer visible lo invisible, para plasmar mis inquietudes, mis alegrías, mis penas… nació para lo que a mi me saliera del coño, que para eso es mío.
El blog, digo, el coño por descontado.

Cuando empecé este proyecto tenía un objetivo principal: leer más sobre feminismo y con la mente más abierta. Conocer más y mejor lo que significa ser mujer para cada una de nosotras.

Ello me ha llevado a superar ciertos límites propios, a aceptar cosas que consideraba inaceptables, a cuestionar mis principios.
Hay personas que te cambian positivamente para siempre, y creo que eso me pasó a mi cuando conocí a Fouzia y a Samir. Derribaron tantos muros a base de amor y tolerancia que no me quedó más remedio que quererlos profundamente.

¿Y esto a qué viene?

Ciertamente me he ido un poco por las ramas. O no.

A base de derribar muros aprendí a querer diferente a la gente a la que siempre había querido.
Aprendí a detenerme a observarlos, a conocerlos más en su cotidianidad.
Aprendí a no culparlos de todo lo malo que hacen.
Aprendí a empatizar a otros niveles.
Aprendí a quererlos tal y como son.

Comencé a observar con otros ojos a las mujeres de mi vida.
A mis cuñadas, a mis cuatro maravillosas sobrinas, a mis amigas,
a Samanta,
a mi madre,
a mi hermana.

Y no sé si las quiero más, pero sí sé que las quiero mejor.

Como consecuencia, también me he vuelto más intolerante, claro, no todo iba a ser paz y amor.
Me he vuelto más intolerante, mucho más, con todas aquellas conductas que tratan de hacer pequeña la lucha feminista. Más intolerante con aquellos que hacen invisible la violencia estructural, con aquellos que convierten en secundarios problemas que cada año llevan a la tumba a decenas de mujeres sólo en nuestro país.
A pesar de todo, o precisamente por ello, todos esos actos de cobardía, de comodidad, son los que refuerzan mis convicciones, los que hacen que vea esta lucha como algo necesario.

Esto venía a ser un homenaje a las mujeres de mi vida, que tanto me han enseñado, cuidado, querido, y de quienes tanto he aprendido aún sin ellas saberlo. A vosotras. A todas.

Os quiero,
os quiero libres.

Que nadie os quite vuestro lugar en el mundo, sea ese lugar el que sea que queráis que sea.

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