CONTROVERSHIT: la edad de la inocenc… qué?

¡Estrenamos sección en el blog! “CONTROVERSHIT”

De vez en cuando sale alguna campaña publicitaria que hace que salten ciertas alarmas sociales y nos planteemos hasta qué punto hemos llegado y si es lícito quedarnos a vivir en él.
La famosa marca Miu Miu esta temporada nos sirvió en bandeja de plata la polémica con una campaña que, cuanto menos, da que pensar. MiuMiu spring summer by Steven MeiselLa descontextualización de la infancia siempre provoca en el espectador cierto recelo, y cuando se trata de la hipersexualización de menores nos resulta macabro y enfermizo. 
No es la primera vez que el fotógrafo Steven Meisel se ve inmerso en una polémica por su trabajo. A lo largo de su carrera en Vogue Italia son numerosas las fotografías que por su contenido y significado han sido foco de críticas de todo tipo. Sin embargo él nunca se ha pronunciado, manteniendo un debate abierto entre quienes lo toman como un gran crítico de la sociedad actual y quienes lo consideran un misógino icónico. Yo prefiero situarle en el filo de la navaja: un fotógrafo extraordinario que saca la mierda de los camerinos a los editoriales de una se las revistas de moda más influyentes del mundo, convirtiendo en arte la miseria, con los peligros que eso conlleva.

Cuando algo está tan integrado en la sociedad que llegamos a no percibirlo conscientemente es el momento de parar y preguntarse qué sucede y qué consecuencias acarrea. Hemos convertido a la mujer en objeto. Le hemos arrancado todo lo que tiene de persona, y la hemos convertido en un producto que compramos y vendemos.

No nos interesa otra cosa que su cuerpo, y lo que deseamos hacer con él.

El rol femenino en los medios de comunicación ha ido cambiando a lo largo de los años, sobre todo si hablamos de publicidad. Durante los primeros años del siglo XX la mujer aparecía como un elemento meramente decorativo en productos destinados a los hombres, o alimentando el prototipo de mujer ideal en productos de consumo femenino (belleza, limpieza, o alimentación), en una actitud totalmente pasiva.
La mujer de esta época cumple un papel muy marcado desde la más tierna infancia…

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A partir de los años 30 comenzamos a observar una actitud más sexual en las imágenes publicitarias. La mujer se convierte en un claro reclamo para el público masculino, acompañando los productos dirigidos para ellos en una actitud de complemento añadido. La gestualidad ya no es de inocencia, y busca un fin sexual.

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Hay un intento de inclusión de la mujer en actividades reservadas previamente para hombres, se intenta transmitir un nuevo mensaje de libertad a través de mujeres con personalidad y actitud, pero, eso sí, sin perder cualidades que se suponen femeninas como la delicadeza o la suavidad…

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A pesar de los intentos de presentar un nuevo modelo de mujer moderna, sigue siendo evidente el rol de sumisión asignado y este nuevo modelo de mujer se arrastra durante los siguientes años. Durante ese tiempo se nos muestra una mujer que trabaja fuera de casa y dentro, una mujer que no es que pueda si no que debe ser capaz de compatibilizar su vida de mujer moderna con la de ama de casa sumisa. Y siempre subyugada por una figura masculina.

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Pero es quizás en la década de los 90 cuando la sexualización de la mujer como medio de venta se evidencia y se hace más frecuente. El cuerpo femenino es punto de atracción para el público bien como objeto de deseo o como modelo a seguir. El hombre es el seductor por excelencia, la mujer la seducida o bien la sexualmente deseada. También debemos destacar que en este momento se produce el inicio del retoque fotográfico, y con él, el canon actual de belleza inalcanzable.

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Entramos de lleno en el siglo XXI: Los avances tecnológicos han revolucionado el mundo, y ya no hay nada que no se pueda vender o comprar, y de eso trata el rol femenino en los medios.

Definitivamente la mujer ya no sólo es un medio para vender, si no que ha pasado a ser el objeto vendido. Cualquier producto que compres te permite adquirir una mujer, o algo de ella, de un modo u otro.

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El estereotipo ha sido llevado al límite. La mujer ideal que nos venden ha de ser un perfecto conjunto de opuestos: sexy pero virginal, experimentada pero joven, dominante pero sumisa, con carácter pero dócil. Y por supuesto ha de estar bien vestida, peinada, perfectamente depilada, ser eternamente joven, no tener arrugas, ni marcas, no ser demasiado pálida ni demasiado oscura, y cómo no, ha de estar delgada pero tener curvas. Todo ello a gusto del cliente… masculino, claro.
Durante este proceso hemos pasado de sexualizar objetos y cosificar personas a hipersexualizar a menores o a modelos que aparentan serlo. La eterna juventud como modelo a seguir, y la posesión de la mujer a través de la expresión de deseo hacia mujeres extremadamente jóvenes con apariencia infantil y virginal.

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La cosificación de la mujer es un eje principal de la industria de la moda y de la publicidad.
Desde esas modelos que el día del desfile no comen para lucir más delgadas (y enfermizas) hasta las que se quitan las costillas flotantes pasado por las que hacen peligrosas dietas para alcanzar medidas infantiles totalmente anormales en mujeres adultas, todo converge en un mismo punto: no importa quien eres, importa quien queremos que seas.
Transtornos alimenticios, depresiones, el mito del amor romántico o violencia machista… La imposición de modelos antinaturales forma parte de la tan arraigada violencia estructural de nuestra sociedad, esa que muchas veces olvidamos que se lleva por delante a cientos de mujeres cada año.

Somos muchas, y muchos, los que hemos jugado alguna vez con la ropa de mamá, nos hemos pintado en casa a escondidas y hemos jugado a papás y mamás, pero hace rato que estos juegos dejaron de serlo y se nos fue de las manos el asunto, mientras no paremos la hipersexualización infantil y la cosificación de las mujeres, seguiremos recorriendo un camino de lodo que empieza a llegarnos al cuello. Mientras transmitamos identidades prefabricadas y obsoletas de princesas y príncipes seguiremos alimentando al gran monstruo. Mientras nuestras hijas, sobrinas, hermanas, amigas o compañeras crezcan viendo un mundo en el que hay que estar dentro de unos límites físicos y de comportamiento para ser aceptadas, valoradas y tenidas en cuenta, estaremos perdiendo batallas.Thylane_Blondeau_Vogue_Cadeaux_600x450-568xfree

Eduquemos a los más pequeños para que sean libres, respetemos su infancia, su personalidad y alimentemos sus curiosidades de una manera sana. Somos los grandes quienes tenemos que hacerlo, porque nadie sabe como un adulto que la infancia nunca vuelve.

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