De boquilla.

No sé si os lo había dicho alguna vez, pero aparco muy bien. De hecho en línea se me da de cojones.
¡¿CÓMO?! No, no, se me da de coño. Eso es, de coño. Aparco tan bien que he hecho sentirse incómodos a incontables indicadores de maniobra de esos que paran en la acera esperando tener que ayudarte con el asunto, porque claro, mujer+coche no puede acabar bien, todos lo sabemos.

Esta misma mañana un señor más viejo que la penicilina detuvo su mundo entero para parar junto al hueco donde me disponía a aparcar. El hueco justito, tráfico, y una chica al volante: el buen hombre tuvo su primera erección en 30 años.
Aparco a la primera, perfecto. Giro la cabeza y veo al viejo en la ventanilla mirándome. Quisiera pensar que a los ojos, pero me temo que no. Respiro hondo, sonrío, bajo la ventanilla y me dirijo amablemente al caballero:

– Se puede saber, señor, ¿QUÉ HOSTIAS ESTÁ MIRANDO?

Sin dejar de mirarle comienzo a subir la ventanilla, mientras se aleja mascullando alguna lindeza sobre mi irreverencia.
Puede que sea viejo y esté más cerca de la muerte que de comprenderme, pero mi paciencia está más cerca de hacerme respetar que de aguantarle. Es lo que hay.

Esto no venía a cuento, o sí.

Cuando eres feminista, eres muy consciente de tus ramalazos machistas e intentas con todas tus fuerzas corregirlos y aprender poco a poco de tus errores. A veces es muy difícil, lo llevas tan dentro, lo has visto tantas veces, que te cuesta darte cuenta de que no eres una exagerada (me niego a utilizar el término feminazi). Muchas personas que van de feministas por la vida pensarán que ya me vale, que pobrecito el viejo para una alegría que tiene en su vida, que qué me costará callarme y sonreír.

Pues me cuesta.

Me cuesta cuando veo machismo en mi familia, en mis amigos, en mi trabajo, en mis amigas. Me cuesta callarme, pero a veces me callo. Y, ojo, sé que no debería callarme, pero me callo.

Me callo porque en mi entorno estoy rodeada de ‘feministas de boquilla’, hombres y mujeres que se llenan la boca hablando de igualdad, de lo injusta que es la brecha salarial, y la mierda que es que no se establezca el sistema cremallera en las instituciones. Y BLA, BLA, BLA.

Cuando digo que me callo no es que me quede calladita del todo,porque como ya dije anteriormente yo la lengua me la muerdo poco no me vaya a envenenar. Callo dentro de lo que no callo. Hablo en general cuando muchas veces me gustaría hablar en particular, cuando me encantaría decirle a alguien en la cara que es machista en su casa, con su pareja, con sus hijas, con su madre o con sus hermanas. Callo en vez de señalar directamente que eso que hace o dice, es machista.

Y, ¿por qué me lo callo? Porque a la gente feminista de boquilla le jode que le señalen sus ramalazos machistas, igual que a un rojo de boquilla le jode que le digas que si gana pasta tiene que pagar impuestos.

Pero, ¿sabéis qué?, que yo ya no me callo más.

Ilustración de P.nitas* http://www.pnitas.es
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